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Para mí, hay algo mágico en capturar y "eternizar" ese momento especial de la flor. Es un trabajo estacional, delicado y meditativo que requiere de mucha paciencia y mimo: el proceso de prensado es lento y puede durar entre tres y seis semanas, depende de la flor y de la humedad del ambiente.
Algunas flores son agradecidas al prensarlas y otras más complejas, que requieren, por ejemplo, ser prensadas pétalo por pétalo para después recomponer toda la flor, buscando devolverle su forma original.
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Al trabajar con elementos vivos, es importante saber que la naturaleza continúa transformándose. Con el tiempo, la intensidad de los colores de las flores irá evolucionando hacia tonos más tenues y sutiles, algo que forma parte del encanto de la naturaleza.
Esta evolución es propia de los materiales orgánicos y es lo que diferencia una flor real de una artificial. Para acompañar este proceso, cada obra se entrega con una tarjeta de cuidados donde explico cómo protegerla para asegurar su mejor conservación.
Artesanía que brota de la tierra
En mi trabajo no utilizo ningún producto químico para conservar las flores: la clave del color reside únicamente en un prensado adecuado y en el minucioso cuidado del proceso.









